Aquí me encuentro en casa, embutido en mis propios pensamientos ante este folio en blanco que intento rellenar de recuerdos. Pero no es fácil, a pesar de que que mi mente está llena de ellos, el corazón se aprieta fuerte contra el pecho y finalmente una lágrima sobrevive en mis ojos. Hay veces que casi no me acuerdo cuando llega el día de la efeméride, el estar inmerso en la dinámica de la rutina y normalidad de una vida que uno intenta sea lo más placentera posible, hace que te cueste más trabajo pararte a pensar en ese fatídico día que cambió para siempre nuestras vidas. Porque es simplemente eso, un fatídico día lo único que me viene a la mente después del transcurrir de los años.
No hace falta que sea una fecha señalada para tenerte en mi recuerdo, cualquier momento es bueno, cualquier vivencia personal hace que me acuerde de tu canosa barba tapando la sonrisa que siempre llevaste por bandera en todo momento. Por eso, este día en concreto sólo me recuerda a momentos de agonía y sufrimiento ante una cama de hospital esperando lo inevitable, por eso quiero olvidar ese recuerdo, por eso cada año intento que esas imágenes abandonen mi mente para quedarme solamente con los instantes en los que fuimos felices sin lágrimas ni lamentos.

Recuerdo aquellas noches en vela que pasabas creando versos bajo la tenue luz de una lamparita de mesa que alumbraba tu despacho en casa. Luz atravesada por el humo de un cigarro que te ayudaba a buscar esa inspiración que a veces te faltaba. Cuántas noches me desperté al escuchar un ruido y te observé desde la oscuridad, atento a cómo gesticulabas con la lengua fuera cuando pluma en mano no parabas de escribir y de darle forma a tus sentimientos. Porque eso dice mucho de una persona, cualquiera no está hecho para expresarse con rimas y versos, haciendo de la poesía su lenguaje más versátil de mostrar pensamientos, hay que tener una sensibilidad y percepción especial de la realidad para ser poeta, hay que ser buena persona.

Siempre suelo repasar lo que escribo y darle varias vueltas para asegurarme de que mis pensamientos adquieren coherencia sobre el papel, pero hoy no escribo desde la coherencia, por eso no lo haré, me dejaré llevar por los sentimientos que me embargan en un día así, porque lo que se escribe con el alma desnuda y el corazón abierto no puede tener faltas ni incoherencias en la vida, porque lo siento así, como lo expreso. Por eso cada noche rezo por tu alma, para que desde donde estés presencies las cosas buenas que nos acontecen, para que cada Martes Santo sigas acudiendo puntual a la Plaza de Sto. Domingo con tu bastón en mano
Quiero dejar este tema que acaba de sonar en el reproductor, ya que cuando este verano lo escuché bajo la brisa de los jardines de uno de tus sitios favoritos en la Alhambra, no pude reprimir otra de mis lágrimas al acordarme de tí.
Va por tí Pepito, no te olvido.
Va por tí Pepito, no te olvido.