miércoles, 8 de junio de 2011

HOY COMIENZA EL SUEÑO



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Quién nos iba a decir hace algo menos de un año cuando comenzaba la temporada de la ilusión para una afición, que veía como después de muchos años su equipo se instalaba otra vez en segunda división, que a estas alturas del año íbamos a estar luchando para poder ascender a la categoría de oro del fútbol español. Hoy comienza un paso más para la historia del club, el Granada C.F. se juega ante el Celta de Vigo poder aspirar a ese ascenso tan ansiado. Es cierto que la temporada ha sido muy larga, y que el  equipo a pesar de su excelente paso por el campeonato, incluso con la categoría técnica que atesora la plantilla, podría haber aspirado aún a cotas mayores, como el haber luchado por el ascenso directo.

Pero eso es harina de otro costal, hoy os escribo para expresaros los sentimientos que me embargan a pocas horas de que comience la carrera hacia la primera división del Granada. Como he dicho, la temporada ha sido muy larga y llena de altibajos, por ello ya se acabó pasar frío entre las gradas, asarse de calor bajo el incesante sol en los partidos jugados a mediodía, se acabó la visita de soporíferos rivales, e incluso aquellos malos ratos que nos ha tocado vivir en nuestros duros asientos, que gracias a Dios han sido escasos en nuestro estadio. Por fin se han terminado los contrincantes sin nivel, los partidos que iban aportando tres puntos poco a poco, ahora toca luchar y combatir por una eliminatoria. Por eso, se acabó con especular fuera de casa, hay que salir a ganar en todo momento, no hay tiempo para pensar, ni en analizar resultados favorables o adversos, ha llegado la hora de dar la cara y jugarnos el futuro a una sola carta, ganar.


Imagino, que al ver que el equipo todo el año en los puestos altos, a algunos le parece de lo más normal esta situación, pero hay pararse a pensar donde se encontraba el Granada hace tan sólo unos años, echar la vista atrás y nunca olvidar de dónde procede el actual Granada, el trabajo y sacrificio que ha costado poder estar disfrutando de estos dulces momentos que estamos atravesando. Por ello,  los granadinistas sabemos valorar donde estamos, darle la importancia que tiene este evento, poder ir ganando poco a poco el lugar que le corresponde a este club, a esta ciudad y su por supuesto a su afición.

Así que tengo que deciros como siento que es la hora de sacar las bufandas, de ondear las banderas, de ponerse las camisetas, es la hora de gritar y dejarnos la piel con nuestro equipo. Somos parte de la historia reciente de nuestro club, por eso no vamos a dejarlo solo cuando más nos necesita, hay que soñar con un ascenso, hay que llevar al equipo en volandas a conseguir su objetivo. Es cierto, que hay gente que con haber llegado donde estamos se conforma, que ya es demasiado, pero yo soy de los que piensan que si podemos aspirar a más porqué dejarlo escapar, quién sabe cuando tendremos otra oportunidad de ascender a primera y rozar la gloria.

Hoy, el Granada C.F. se juega más que un partido, se juega la ilusión de toda una ciudad puesta en esa camiseta, los sueños de un escudo campeón que luchan por regresar al sitio que le corresponde por historia. Hay que gritar bien fuerte y sin vergüenza que viva nuestro Graná, que es el orgullo de toda nuestra gente, y con el que moriremos animándolo mientras lo vemos jugar. Ha llegado el momento de los valientes, y como tales viviremos la historia según acontece, y desearemos que nuestro equipo por fin viva lo que su afición necesita, el ascenso a primera división, lugar del que nunca debió salir.


Dejemos a un lado el Barcelona o el Madrid, a partir de hoy todos juntos viviremos por un mismo equipo, por unos colores, hoy cada uno de nosotros seremos una franja horizontal roja o blanca de esa camiseta, seremos el aliento que empuje a los jugadores a salir victoriosos de la contienda. Ya se que el de hoy es sólo un pequeño paso de los que muchos que le quedan para poder conseguir definitivamente el ascenso, pero hoy comienza la ilusión de un pueblo entero, que ve que su sueño se juega en tan sólo cuatro partidos. Cantemos con el corazón los vítores de la victoria y disfrutemos de esta oportunidad que el azar nos brinda, por eso SIEMPRE GRANADA CAMPEON!!!!!.



VAMOS MI GRANADA, VAMOS CAMPEOOOONNNNN!!!!!!!!

jueves, 2 de junio de 2011

DE MAYOR QUIERO SER COSTALERO

Mis primeros recuerdos sobre la Semana Santa se remontan a cuando no levantaba más de tres cuartas sobre el suelo, y la paciencia de mis padres les llevaban a cargar con cuatro mocosos y tirarse a la calle con ellos  y atreverse de esa manera a recorrer las calles de la ciudad granadina en busca de los pasos que componían los cortejos procesionales. Todavía recuerdo cómo nos afincábamos justo en la esquina del Pie de la Torre de la Catedral con la mochila cargada de bocadillos, dispuestos a ver pasar todos los desfiles del día.

Me acuerdo que me quedaba atónito al ver aquellos penitentes tan altos para mí, con aquellos capirotes que se erigían enhiestos hasta el infinito, con ojos misteriosos que siempre guardaban algo de recelo a la hora de acercarse a ellos. Recuerdo también cómo en los cortejos siempre iban formados algún grupo militar, paracaidistas, legionarios, guardias civiles, y aquello me impresionaba bastante, es como si para el niño que miraba embobado todo eso le diese un carácter más solemne, serio y respetuoso.

Una de mis fascinaciones por aquellos primeros años de conciencia cofrade eran las bandas, siempre tendía a escapar de las manos de mi madre para acercarme lo máximo posible a los músicos que acompañaban cada paso. Incluso recuerdo levemente cuando mi hermano mayor hizo sus pinitos con la corneta en la banda del pueblo. Fueron varias Navidades las que pasé esperando el ansiado tambor que tanto codiciaba, era el instrumento que por excelencia siempre era mi referencia, el cual me causaba fascinación cada vez que lo veía tocar.


Pero todo aquello no era nada comparado cuando ante mí se acercaban esos gigantescos pasos cargados de Cristos y palios que por aquellos entonces difícilmente distinguía. Pero si algo había común en ellos, eran los pies que racheando asomaban bajo el faldón de mis sueños. Quedaba atónito y perplejo durante minutos sin ni siquiera pestañear observando cómo aquellos pies hacían inquietar mis anhelos. Nunca sentí mayor curiosidad en todo aquel tiempo que la de saber qué escondían los aterciopelados faldones de los pasos que todo el mundo admiraba. Quiénes eran esos héroes con talante de superhombres que hacían andar al mismísimo Dios por las calles de mi ciudad, cómo con tan sólo un puñado de aquellos anónimos pies los palios levantaban al cielo hasta que mi vista se perdía con el último varal.

Y uno de esos primeros recuerdos fue cuando mi padre observaba el impacto que en mí hacían las procesiones, como miraba alelado sin perder detalle todo lo que acontecía por aquellas calles, de cuando se dio cuenta que tras esa Semana tan intensa que vivíamos me tiraba después meses soñando con todo aquello que había acontecido, haciendo preguntas sobre ello sin parar. Entonces un día se acercó y me preguntó que si quería formar parte de aquellos cortejos que tanto admiraba, ya fuese de monaguillo, de nazareno o en una banda, a lo que después de meditar durante un buen rato contesté serenamente: "Papá, yo de mayor quiero ser costalero".

Y así fue como desde aquel momento, en plena infancia, tuve claro lo que quería ser de mayor, cuál sería mi papel a jugar en aquellos cortejos. A pesar de aquella contestación, mi padre insistió tras explicarme repetidamente que sólo de mayor podía ser costalero, que si mientras alcanzaba la edad para ello quería formar parte de alguna otra manera. Pero la idea se me marcó en el cerebro y el corazón como hierro ardiendo, así que tal fue mi obsesión que hasta que no pude alcanzar aquel anhelado sueño de ser costalero no descansé ni un momento en mi empeño.